viernes, 28 de junio de 2013

Tecnología: ¿nos aisla?

Rara es la persona que a día de hoy no tenga al menos un teléfono móvil y un ordenador con acceso a internet o que no haya escuchado nunca las palabras facebook o whatsapp. Y es que en el siglo XXI, además de la comunidad física, existe otra, la virtual, que circula a través de la red de internet. Los usuarios son los mismos, pero existen diferencias como la velocidad y comodidad que la virtual es capaz de proporcionarnos en nuestras comunicaciones.

El auge de internet comenzó  principios de los 90 y la telefonía móvil llegó algo mas tarde. Con la unión de ambas (móvil + internet) se ha producido el salto definitivo hacia un cambio en los hábitos y costumbres sociales: utilizamos más el móvil para escribir que para llamar.

Anteriormente a todo esto, cuando la telefonía móvil no existía, las personas intentaban localizarse llamando al teléfono fijo y si no lo lograban tocaba esperar y probar suerte más tarde. Con la información pasaba lo mismo: si querías noticias, veías el telediario a su hora o esperabas al siguiente, o bien comprabas prensa escrita (el periódico). Para hacer trabajos o buscar información la única fuente era consultar libros en la biblioteca o la enciclopedia si tenías una en casa. Todo esto, por supuesto, regido a unos horarios: no llamabas a un teléfono fijo a cualquier hora ni podías comprar el periódico fuera del horario de apertura del kiosko, ni ir a la biblioteca después del cierre.

Hoy por hoy, cualquier noticia o información está en internet y la podemos consultar las 24 horas del día desde nuestra propia habitación. Pero no es lo único que podemos hacer desde casa, sino que el abanico de posibilidades es enorme: hacer la compra del supermercado, movimientos bancarios (consultas de saldo, transferencias, altas y bajas de recibos...), pedir cita para el médico de cabecera, comprar ropa, juguetes, billetes de avión o barco, hoteles, ver películas, series o la propia televisión, contactar con amigos y conocidos a través de las redes sociales, charlar, con ellos, ver sus fotos, investigar sobre su vida y milagros... ¡y hasta ligar con desconocidos!

La cuestión es la de siempre, y la respuesta también ¿esto es bueno o malo? Depende. En clase de Filosofía nos decían que nada era bueno o malo de por sí, sino que dependía del uso que se le daba, poniendo de ejemplo un cuchillo: si pelas papas con él, es bueno, pero también puedes utilizarlo para matar a alguien...

La principal problemática de los avances tecnológicos es la velocidad a la que ocurren, mucho mayor que la velocidad a la que avanza el propio ser humano. La tecnología ha provocado nuestra deshumanización, aislándonos y alienándonos. Andamos cabizbajos mientras escribimos mensajes de móvil por la calle; escuchamos música con auriculares sin interactuar con lo que nos rodea; estamos reunidos con amigos y no hablamos entre nosotros porque usamos el móvil; comemos con otras personas, amigos o familia, con la televisión puesta, sin comunicarnos...

Según la encuesta del CIS de hace justo un año, el 81,1% de los españoles considera que el uso de las nuevas tecnologías hace que la gente se aisle, aunque mas revelador es el dato que ofrece el INE sobre móviles y adolescentes, que merece mención especial. Según esta fuente, el 33% de los niños de 12 años posee móvil, cifra que sube al 69% en niños de 13 años y al 89% en los de 14 años. El motivo principal de los padres para darle un teléfono a sus hijos es tenerlos controlados, aunque también es cierto que existe una presión social tanto de los hijos como del entorno que fuerzan a los padres a comprar el teléfono.

Si un adolescente no tiene teléfono móvil se queda fuera de ese canal de comunicación que sí poseen sus compañeros, dejando de pertenecer a ese grupo en una edad en la que dicha pertenencia de grupo es fundamental, ya que en esta etapa de la vida se está formando la personalidad del adolescente y necesita de los demás para identificarse y reafirmarse. Pero el uso abusivo puede llevar a estrés, pérdidas de tiempo, de atención, sedentarismo o adicción entre otros riesgos.

Comunicación sí, dependencia no.



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