lunes, 8 de julio de 2013

Cosas de familia

Todos tenemos familia, unos mas extensa que otros, unos mas cerca que otros, pero ahí está. Dentro de ella, cada uno tiene unas preferencias: algunos caen mejor, hay mas o menos roce, mas o menos química, mas o menos entendimiento, mas o menos trato... No en vano nos abrimos a algunas personas de manera diferente que a otras y no contamos todo a todos.

Seguramente, si tienes familia, te ha tocado más de una vez hacer de tripas corazón y dar la cara por alguno de sus miembros simplemente por cumplir, aunque en el fondo no estuvieras de acuerdo con su actitud, opinión, forma de ser o tuvieras diferencias latentes (existen pero no se dicen) o diferencias manifiestas. Dar la cara, en el caso de la familia, va mas allá de hacer acto de presencia en eventos familiares incómodos (¿quién no ha pasado por esto en alguna comida de Navidad?), e incluye otro tipo de acciones como defender "tu sangre" cuando alguien habla mal de ella, hacer favores que sabes que no te van a devolver, prestar dinero (muchas veces a fondo perdido), hacer regalos en fechas señaladas o salir en la misma foto.

A veces pasa que hay personas dentro del núcleo familiar, que no dudan en hacer todo lo anterior de manera altruista, siendo a veces interrogados sobre si merece la pena perder tiempo en este tipo de cosas que no van en su propio beneficio, sino que al final las disfrutará otra persona que apenas se esfuerza o nunca se ha esforzado en conseguir nada. El problema de este tipo de visión es que se limita a lo material, como si no conseguir un beneficio tangible supusiese una pérdida de tiempo, de energía o de dinero en vano. Sin embargo, el hecho de que estas personas altruistas se conviertan en ejemplo para el resto, en nexo de unión de las partes mas enfrentadas de la familia, supone una recompensa personal difícil de evaluar en términos materiales.

De hecho, a veces estas personas consiguen convertirse en ejemplo para otras, que imitan su forma de ser, sus hábitos, siendo como un espejo en el que mirarse: un referente. Convertirse en referente de alguien supone una responsabilidad añadida: de estas personas no se esperan errores, porque son modélicas, ejemplos a seguir, por lo que no se pueden permitir ningún fallo. Esta responsabilidad, sin duda, genera presión. 

¿Cuál es la ventaja entonces? No se consigue nada material, se siente presión, se pierde tiempo propio para dedicárselo a otros que sólo van a acudir a ti para pedir favores... No obstante, nada de esto es importante cuando al menos una de esas personas te echa de menos cuando no estás; cuando te preguntan cuando vuelves antes incluso de haberte ido; cuando sientes que tus buenas acciones son imitadas; cuando hay conductas que cambian con el tiempo a mejor; cuando hay cambios en los hábitos... A fin de cuentas, la finalidad no es que te den las gracias, sino que tu entorno viva mañana mejor que hoy y para eso no suele hacer falta dinero, ni tener demasiado tiempo libre. Sólo hace falta voluntad.

Viendo que se puede hacer algo, ¿por qué no hacerlo en vez de quedarse de brazos cruzados? Como dice la canción de Manuel Carrasco: " no se puede ser feliz cuando a tu lado lloran".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Los afectos, los vínculos familiares, no se compran con cosas materiales, son algo más; van más allá, porque surgen de sentimientos...
La felicidad amigo Felipe está en conformarse en cada momento con lo que se tiene. Pero hay personas que ni poseyendo el mundo entero serán nunca felices; su bienestar radica en hacer que los demás se sientan culpables de sus males, y eso desgraciadamente ocurre en muchas familias. Desde mi punto de vista, es más feliz el que no tiene nada que dar sino cariño, que el que posee solo bienes materiales; al primero le querrán por cómo es; y al segundo por lo que tiene, incluso su propia familia. ¡Me quedo con el primero! Aún teniendo que llorar alguna que otra vez de desilusión!
Un tema el de hoy muy actual. ¡Felicidades!

totufa dijo...

Hola, Felipe. He conocido tu blog por alguien muy cercano a ti, alguien de tu propia familia que te quiere mucho. Y no imaginas cuánto me alegra que haya compartido conmigo la existencia de tu blog, porque me ha brindado la oportunidad de que remuevas mis emociones y reflexiones con tus entradas, además de mostrarme una confianza y un cariño enormes.
Efectivamente, y como dice el/la comentarista anterior, yo me quedo con el miembro de la familia que reparte un amor incondicional, que da sin esperar recibir, que está siempre, pero más a las duras que a las maduras...ese que es feliz dando su cariño, pero que, sin embargo, sufre (muchas veces en silencio, porque es tan elegante que no da la tabarra)por los problemas y preocupaciones de los suyos y los hace suyos....ese ser, como dice el famoso anuncio, no tiene precio. Y, sin ánimo de sentar cátedra, siempre hay uno en cada familia, al menos uno. ¡Menos mal! Porque ese ser es el hilo rojo que une a los demás miembros del grupo familiar y, cuando muere, esa familia se diluye, deja de ser familia porque jamás lo fue.
Desnudos nacemos y desnudos morimos, así que compartir bienes materiales ayuda, hace la vida más placentera, pero de nada sirven si no se comparte nuestro fondo emocional, nuestros sentimientos, nuestras almas...

Encantada de conocerte. Ya he puesto tu blog entre mis favoritos, así que te seguiré.

Como dice el refrán: "Tal madre, tal hijo pare"