sábado, 10 de agosto de 2013

El Papa moderno

Hace 5 meses el argentino Jorge Mario Bergoglio se convertía en el Papa número 266 de la Iglesia católica, bajo el nombre de Francisco. En este tiempo muchos han sido sus gestos indicando cambios en la institución; cambios necesarios para la continuidad del catolicismo, que pierde fieles cada año.

Las celebraciones religiosas han descendido un 40% entre 2007 y 2012 en España. De todos los matrimonios celebrados el año pasado, sólo el 35,5% fueron religiosos, siendo uniones civiles el 64,5% restante. La asistencia a misa también ha disminuido en todas las iglesias, donde en proporción es mayoritaria la asistencia de personas mayores de 50 años, escaseando la gente joven. 

Las causas de este desapego hay que buscarlas en la rectitud, rigidez y falta de cercanía a la sociedad actual por parte de la Iglesia, que se ha quedado anticuada. No ha sabido adaptarse al siglo XXI y la gente deja de identificarse con esta institución. Además, predica valores y normas que luego no aplica para sí misma, lo que provoca desapego y críticas. Su patrimonio o los casos de sacerdotes pederastas descubiertos en diversos países son ejemplos de ello.

Patrimonio de la Iglesia: en España posee unos 100.000 inmuebles (el 80% del patrimonio histórico artístico nacional). El Vaticano posee la tercera parte de los edificios de Roma y una de las reservas de oro más importantes del mundo. Además la Iglesia es accionista en empresas como Inditex, Endesa, Banco Popular, Telefónica, General Motors, IBM o Disney. A ello hay que añadir que la Iglesia no paga IVA en sus compras ni paga impuesto de sucesiones o donaciones. 

Casos de pederastia: Irlanda, Estados Unidos, Alemania, Austria o Bélgica son sólo algunos de los países donde los casos de sacerdotes pederastas han saltado a la luz pública, muchos de los cuales fueron encubiertos o silenciados dentro de la propia Iglesia.

Posiciones de la Iglesia: algunas de sus normas tienden cada vez más a ser cuestionadas por parte de la sociedad, como la prohibición del aborto, tratar la homosexualidad como una enfermedad o la prohibición del uso del preservativo como medida no sólo de anticoncepción sino como método para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual como el SIDA, por no hablar del pecado mortal que supone no ir a misa los domingos o comer carne un Viernes Santo.

Por ello es importante el giro que Francisco está dando a la Iglesia católica y los cambios que ha introducido, algunos mucho más allá de meros gestos simbólicos:
  • Renuncia al apartamento papal del Vaticano
  • Apoya un papel más relevante de la mujer
  • Apoya las uniones de hecho homosexuales indicando que no es nadie para juzgarles
  • Apoya cambios para agilizar las anulaciones matrimoniales
  • Apoya cambios para no prohibir comulgar a personas divorciadas casadas luego por lo civil
  • Su anillo papal no es de oro sino de plata
  • No se colocó la esclavina roja en el balcón tras ser elegido papa, sino que salió solo de blanco
  • Se niega a usar el Papa-móvil
  • Se negó a llevar un crucifijo de oro, manteniendo el suyo
  • En Semana Santa lavó y besó los pies de unos presos
  • Anuncia medidas para prevenir y luchar contra el blanqueo de capitales
Al margen de creencias religiosas, una institución como la Iglesia católica, con más de 1.000 millones de fieles en todo el mundo y un Estado propio (Ciudad del Vaticano) tiene peso, poder e influencia y por ello sus movimientos se convierten en relevantes, incluso para un país como el nuestro que constitucionalmente se define aconfesional. Sin embargo, no es casualidad que tras años de pérdida de fieles y con cada vez menos sacerdotes, la Iglesia intente dar un giro en su política para frenar esta sangría y darle un vuelco a esta situación, lavando su imagen e impulsando su influencia en América Latina (recientemente el Papa visitó Brasil, país con más católicos del mundo), donde tiene un buen puñado de fieles. Es un rumbo necesario, pero el Papa Francisco  se encontrará sin duda con la resistencia de los sectores más conservadores de la Iglesia.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde el nombramiento del Papa Francisco I, tuve la sensación de que aportaría a la Iglesia aires nuevos; los cristianos necesitamos renovarnos desde dentro. Si queremos ser fieles discípulos de Cristo, cumpliendo con el mensaje que nos dejó, algunas de nuestras actuaciones tendrían que cambiar; dejan mucho que desear. El mensaje de Jesús sigue de actualidad aún hoy en pleno siglo XXI: "Amaos los unos a los otros como YO os he amado" La Iglesia (todos los cristianos que la formamos) tenemos la obligación de hacer una profunda reflexión y preguntarnos si de verdad nos "amamos"; si de verdad compartimos; si de verdad damos ejemplo. Desde mi modesto punto de vista, hay mucho que corregir, desde abrir los brazos a quienes tienen otra forma de ser o de pensar, como hizo Jesús. Pues … ¿quién de nosotros está en condición de asegurar que las personas que actúan otra manera, (que a los cristianos “practicantes” nos parecen “diferentes”, por el simple hecho de que no van a misa), puedan estar más cerca de Jesús que cualquiera de los que sí acudimos a ella. Son nuestras actuaciones ejemplarizantes para que alguien las siga…? Es muy importante acudir a la Iglesia, pero los cristianos estamos obligados a demostrar lo que somos durante las veinticuatro horas del día. Seguramente será Francisco I el Papa de la renovación; su humildad le ayudará mucho a la hora llevar a buen término esta difícil tarea. No cabe duda que se encontrará con muchos obstáculos. Pero con la ayuda de Dios los vencerá. Igual que el ser humano ha ido avanzando en el tiempo, la Iglesia también debe hacerlo; es más, me atrevería a decir que algunos sectores de la Iglesia actual dista mucho de la que Jesús quiso fundar cuando le dijo a Pedro "Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".