sábado, 28 de diciembre de 2013

Made in USA

¿Has puesto el arbolito de Navidad en casa? ¿Has puesto luces en la ventana? ¿Has hecho el Belén? ¿Has comprado turrón, mazapán, peladillas, gambas, solomillo, chocolate, buñuelo, natilla, rosca, roscón de Reyes, champán, cava…? ¿Has estado durante horas cocinando la cena de Nochebuena para comer con esa familia tan numerosa con la que no te apetece estar? ¿Jugaste lotería de Navidad? ¿Ya tienes cupones para la lotería del "Niño"? ¿Compraste las uvas para fin de año? ¿Has tenido que comprarte un traje nuevo o un vestido para salir? ¿Y los regalos para el día de los Reyes Magos ya los has ido a comprar? ¿Qué serán: ropa, electrodomésticos, telefonía móvil, videojuegos, juguetes? Tras esta vorágine de consumismo, ¿cómo llegarás a fin de mes?

Pues como en este país todo nos parece poco, resulta que cada vez más nos gusta asumir como propia la cultura ajena. Ya lo hacemos con Halloween y desde hace algún tiempo también con ese señor gordito y mofletudo vestido de rojo. ¡ Jo, jo, jo… ! Sí, hablamos de Papa Nöel (o Santa Claus). Pero ojo, la crítica no viene por celebrar la llegada de Papa Nöel en vez de los Reyes Magos. ¡Ni más faltaba! Cada uno es libre de celebrar lo que quiera, cristiano o pagano, un día u otro. Países como Venezuela o Colombia celebran el 25 de diciembre el "Niño Dios" o "Niño Jesús" en lugar de Papa Nöel aunque la base es la misma: regalos. De todos es conocido que Papa Nöel, no siendo de origen estadounidense, se ha extendido por todo el mundo gracias a su arraigo en Estados Unidos y Canadá. 

La cuestión a debate es: ¿por qué hay que celebrar lo mismo dos veces? ¿Por qué hay que celebrar Papa Nöel y diez días después los Reyes Magos? ¿Por qué regalar doblemente? Se multiplica el gasto en unas fechas ya de por sí cargadas de consumismo. ¿Para qué regalar tantas cosas si al final uno no sabe qué regalar y termina comprando lo primero que se le ocurre para salir del paso, aún sabiendo que esas cosas no se van a utilizar?

Globalización, ese fenómeno creciente que nos invade, tanto a nivel económico como cultural y nos impone quedarnos a dos velas, tener la cuenta en números rojos y la casa llena de cosas que no sabes donde meter. ¿Nos queda sentido común?


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