domingo, 23 de febrero de 2014

Socialización

La socialización es un proceso por el que cada persona, de forma individual, absorbe los elementos sociales y culturales que le rodean y los integra a su personalidad para adaptarse al entorno en el que vive y del que forma parte. Este proceso tiene lugar a cualquier edad e influye a lo largo de toda nuestra vida. Se puede dividir en: 

Socialización primaria: se produce en la familia ya que ésta es el primer contacto del individuo con el mundo. Es fundamental ya que al producirse en la niñez, sienta las bases de nuestra identidad como individuos. Se caracteriza por una fuerte carga afectiva en la que el individuo es lo que los demás (los adultos) le consideran. La socialización dentro de la familia puede darse de dos formas: represiva / autoritaria por un lado, o participativa por otro. En esta etapa que dura en torno a los 3 años de vida, no hay problemas de identificación.

Socialización secundaria: se produce en otros ámbitos, siendo el principal la escuela, donde el individuo descubre nuevos mundos más allá de la familia en los que aprende a funcionar bajo jerarquías, horarios, instituciones y descubre la división social y la división del trabajo. Otros agentes sociales de los que se aprende son: el barrio, los medios de comunicación (televisión, cine, radio, internet…), grupos religiosos, grupos políticos, etc. Además, es importante el grupo de iguales: individuos de la misma edad con los que se entra en relación en la vida cotidiana que viven situaciones iguales o parecidas a las propias y que aportan visiones distintas que las que ofrece la escuela o la familia.

A pesar de que este proceso garantiza la integración del individuo en la sociedad y a su vez, que ésta se perpetúe en el tiempo al transmitirse de generación en generación la cultura y los valores que posee, siempre existen problemas y tensiones que pueden dar lugar a rechazo, cuando el grupo social mayoritario no acepta a otros individuos como miembros de pleno derecho (por motivos culturales, religiosos, económicos o de otra índole), o auto-exclusiones, cuando es el propio individuo el que no se identifica con su comunidad, por lo que ignora las normas culturales, pudiendo llegar a darse marginación, violencia, agresividad y actos delictivos sin explicación aparente.

Es por ello que la socialización es tan importante: gracias a ella el individuo estrecha lazos con la sociedad en la que vive, siendo responsable, junto con las predisposiciones biológicas innatas (genética), de la formación de la personalidad individual. El desarrollo de una personalidad sana necesita, por tanto, una socialización adecuada.



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