viernes, 18 de abril de 2014

Homeopatía: ¿funciona?

La homeopatía es una alternativa a la medicina actual, basada en dos ejes fundamentales:

  1. Lo similar cura lo similar.
  2. Cuanto más se diluye un remedio, mas potente es el efecto.
Por ello, los preparados que se utilizan para curar, consisten en productos que causan los mismos síntomas que sufre el paciente, diluidos de forma extrema, de tal modo que en muchas ocasiones en el producto final (el que ingiere el paciente) no queda ni una sola molécula de la sustancia original. ¿Entonces por qué debería funcionar? La homeopatía afirma que el agua tiene memoria y gracias a ello el producto tiene efectos sobre los pacientes. 

La corriente a favor de la homeopatía se apoya en que los remedios son baratos, no producen efectos secundarios, son compatibles con otros tratamientos y se pueden utilizar en niños y mujeres embarazadas. Para elegir el "medicamento" apropiado para cada caso, el homeópata debe interrogar al paciente, conocer el motivo de la consulta, la personalidad del individuo, su situación anímica, antecedentes clínicos y biográficos...

La homeopatía también se apoya en el hecho de que en muchos países se apuesta por ella: en Reino Unido hay cuatro hospitales homeopáticos; en Francia la homeopatía estuvo parcialmente financiada por la sanidad pública hasta 2004; en Alemania el 70% de los seguros de salud pagan la homeopatía; en Suiza los tratamientos homeopáticos se financian actualmente… Para los partidarios de esta pseudociencia, las críticas a sus métodos y productos son fruto de los intereses económicos de la industria farmacéutica, a la que no le interesa perder el control del negocio farmacéutico ni que las enfermedades se curen, porque su negocio consiste en hacer crónicas las enfermedades, de tal modo que los pacientes necesiten medicarse de por vida. 

Curioso argumento, si tenemos en cuenta que los productos homeopáticos son fabricados por una empresa francesa, Boiron, que factura más de 500 millones de euros al año, de los cuales invierte en investigación  sólo un 1%. Quizá esta baja inversión se deba a que poseen el remedio para todos los males. ¿Para qué invertir más entonces?. Sin embargo, se han tenido que rascar el bolsillo en Estados Unidos, al afrontar el pago de 12 millones de euros para frenar las denuncias por publicidad engañosa en sus productos, entre los que figuran Oscillococcinum (contra la gripe) y Amicare (contra el dolor). Además se les ha exigido en este país que en su etiquetado se incluya que la Agencia de Alimentos y Medicamentos no ha verificado su efectividad.

Como no podía ser de otra manera, la homeopatía se ha encontrado de frente a la comunidad científica, por múltiples razones. La fundamental, es que sus principios contradicen los principios de la Física, la Química y la Biología (ahí es nada). Otra de ellas, es que los estudios homeopáticos se publican en revistas de medicina alternativa pero no en revistas científicas, donde sus métodos puedan ser rebatidos por la ciencia. Desde este punto de vista (el científico), los datos que resultan de los estudios homeopáticos se encuentran dentro de los límites de la incertidumbre estadística, o lo que es lo mismo, obtienen los mismos resultados que cualquier placebo (sustancia que no cura, inerte farmacológicamente). Análisis como el de la revista British Medical Journal (1991), The Lancet (1997 y 2005) llegan a la conclusión de que los efectos clínicos de la homeopatía son efectos placebo. Y no es para menos cuando, al analizar su composición, sólo se encuentra agua y azúcar.

Pero volvamos a los países anteriormente mencionados como ejemplos de apuesta por la homeopatía y de su éxito:

Reino Unido: el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes concluyó que la homeopatía debía dejar de etiquetarse como medicina, solicitando que se deje de financiar por el Servicio Nacional de Salud (2010). Por su parte, la Asociación Médica Británica acordó calificar la homeopatía como un disparate (2010).

Francia: se dejó de financiar en el año 2004 por la Seguridad Social. 

Suiza: tras los resultados de un estudio encargado por el Gobierno suizo, éste dejó de financiar la homeopatía durante un tiempo por no ajustarse a los criterios requeridos de eficacia, aunque el Estado volvió a financiarla de forma provisional hasta 2017, tras hacer consulta en referéndum. En ese año, la sanidad pública dejará de financiarlos si no se presentan evidencias de su efectividad.

Una amiga defensora de la homeopatía comentaba hace unas semanas que un familiar suyo se convenció de que la Fanta (sí, el refresco), le mantenía sano y a partir de entonces, necesitaba su botella de Fanta para comer a diario. Con este argumento pretendía convencer de que la homeopatía funciona, ya que si uno se convence de que ella me va a curar, me curará. ¿Acaso no es esto lo que define el efecto placebo? Por esta lógica, podríamos sustituir los productos homeopáticos por gominolas o lacasitos… siempre que uno se convenza de que eso le va a curar. Increíble.

Con todo, la homeopatía sigue creciendo, porque es el consumidor el que elige y mientras haya personas que estén convencidas de que funciona, o quieran probar a ver que pasa, se seguirán vendiendo. De hecho, muchas farmacias los venden por hacer caja, independientemente de que consideren que funcionan o no. No obstante, los pacientes tenemos derecho a saber, no sólo a creer. Porque para tener fe, no hace falta rascarse el bolsillo, que el negocio del agua milagrosa ya lo habían inventado en Lourdes. 





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