jueves, 29 de mayo de 2014

No lo leas

¡Demasiado tarde! Tendrás que copiar y pegar este mensaje entre todos tus contactos. Si lo haces ahora, tendrás suerte durante un año; si lo haces mañana, durante un mes. Pero si no lo haces… ¡Morirás entre terribles sufrimientos!

Años 90: llega el correo y hay un sobre para ti. No es el banco, ni la financiera, ni el seguro, ni el Ayuntamiento. Tampoco es el mensajero de Jorge Javier Vázquez con "una cosa que te quiere decir". (Qué alivio). Hoy eres afortunado: ¡tienes una carta! La abres y descubres que una tal María de la Puñeta te escribe desde Vigo para anunciarte, (oh Dios mío), que corres un gran peligro. Pero tranquilo, aún puedes evitarlo: debes reenviar la carta al menos a 6 personas que conozcas, pero hazlo raudo y veloz, puesto que de lo contrario sacarás malas notas, se te caerá el pelo y caerán sobre ti las diez plagas de Egipto, con pulgas, chinches y peste bubónica incluidas. Como prueba de ello, te comenta lo que le pasó a Juan Penquito, que rompió la cadena y le cayó un rayo que lo dejó frito ahí mismo. O el caso de Marco, con parálisis facial desde que se le ocurrió no hacer caso a la advertencia. ¡Te cambas! Ante tanta evidencia empírica y mientras piensas por qué Cayetana de Alba no hizo caso al mensaje, corres a la fotocopiadora para obedecer las instrucciones. 1,20 € en sellos y ya estás a salvo. ¡Uf, por qué poco!

Las cartas en cadena utilizan a las personas emocionalmente, las manipulan a través de supersticiones o amenazas para lograr que la cadena no se rompa. La temática es infinita: desde personas enfermas a las que hipotéticamente ayudas con unos céntimos por cada persona que reciba la carta, pasando por poemas de amor, chistes, historias de miedo, oraciones cristianas o poderes del más allá. Evidentemente la forma más común de envío ya no son las cartas tradicionales, sino vía email o teléfono móvil. ¿A que sí? ¿A que son "cansinas"? Si recibes alguna, no tengas miedo en romperla. Yo sigo vivo… ¿o no?



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