viernes, 30 de mayo de 2014

China ya está aquí

China, el gigante asiático inventor de la brújula, la porcelana, la pólvora, el papel moneda o la tinta, está a punto de adelantar a Estados Unidos como primera economía del planeta, puesto que lleva ocupando Estados Unidos desde 1872, cuando adelantó al Reino Unido.

Tanto los expertos en economía como el Foro Monetario Internacional daban por hecho que este cambio en el orden económico mundial tendría lugar a lo largo del siglo XXI, pero ni en las estimaciones más optimistas se planteaba que ocurriera antes del año 2019. Sin embargo, el ritmo de crecimiento de China entre 2011 y 2014 (un 24%) frente al de Estados Unidos (7,6%) han provocado que este cambio en el liderazgo mundial lo estemos viviendo en el presente. De hecho, China ya es el mayor consumidor de energía del mundo y la primera potencia comercial:

Volumen de intercambios comerciales (2013)

4,16 billones $

 3,50 billones $

Evolución del Producto Interior Bruto (PIB)

Aunque el PIB de Estados Unidos sigue siendo mayor que el de China, la distancia se ha estrechado de más de 10 billones a sólo 7 de diferencia en apenas ocho años, de tal forma que si el PIB de Estados Unidos suponía en 2005 el 22,1% del PIB global, frente al 9,7% de China, en 2011 suponían un 17,1% de los americanos frente al 14,9% chino (de 12 puntos de diferencia pasan a separarles apenas 2,2 puntos). 

Sin embargo, el tigre asiático se enfrenta aún a problemas importantes, como el hecho de que el nivel de vida del ciudadano medio es inferior al de muchos países. Por ejemplo, en el  ránking de PIB per cápita, Estados Unidos ocupa el puesto 7º según el FMI y el 8º según el Banco Mundial, mientras China ocupa el 90ª y 96ª respectivamente. Y si bien es cierto que la vida de los ciudadanos chinos ha mejorado en general y en todo el país, también lo es que los beneficios del crecimiento se han distribuido de forma desigual. 

Uno de los principales problemas con los que se encuentra China es el deterioro de la calidad del aire, el agua y el suelo, siendo chinas 16 de las 20 ciudades más contaminadas del planeta. Las casi nulas restricciones ecológicas permiten que sus índices de partículas contaminantes en el aire doblen los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Incluso en su vecino Corea del Sur se han encendido las alarmas al recibir polvo en suspensión contaminante procedente de China.

Además, el gobierno chino no ha ratificado cuanto de los ocho convenios fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo:
  • Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho a sindicación
  • Convenio sobre el derecho de sindicación y negociación colectiva
  • Convenio sobre trabajo forzoso
  • Convenio sobre la abolición del trabajo forzoso
El resto de derechos laborales se encuentra regulado sobre el papel, pero no se aplica correctamente, incumpliéndose reiteradamente la ley en cuanto a la cuantía de los salarios, la duración de la jornada laboral, las medidas de seguridad e higiene, las coberturas sociales y la discriminación en el trabajo. La finalidad de tales incumplimientos no es otra que conseguir unos costes de producción bajos ante los que Occidente no puede competir.

De lo que haga China dependerá el futuro de todos, ya que en cualquier caso, el poder de su economía tiene tanto peso que cualquier acontecimiento influirá y pondrá en jaque al resto de naciones, pudiendo desatar en caso de derrumbe, inestabilidad política y económica en todo el planeta.





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