domingo, 29 de junio de 2014

La invasión de la vergüenza

Este año la Unión Deportiva Las Palmas estuvo a un minuto de convertirse en equipo de Primera División, tras 12 años lejos de la élite del fútbol español. Sin embargo, en el partido definitivo, un gol del Córdoba en el tiempo de descuento truncó el sueño de la afición grancanaria. Los hechos producidos en los minutos finales del encuentro cobraron mayor protagonismo que lo deportivo, hasta el punto de influir posiblemente en el resultado final.
Corría el minuto 91 de partido cuando el juego se detiene. La UD Las Palmas ganaba 1-0. El campo es invadido por espectadores que saltan a él desde las gradas y ante la imposibilidad de continuar el juego y en vista de que los vigilantes de seguridad no consiguen poner orden, el juego se detiene y el árbitro amenaza con suspender el partido. Cuatro minutos antes de estos hechos, las puertas exteriores del Estadio fueron abiertas, entrando personas desde el exterior para sumarse a la fiesta. Al encontrarse el estadio lleno (más de 31.000 espectadores), las personas que iban entrando terminaron saltando de la grada al campo. Tras siete minutos de desorden, en los que el presidente de la UD Las Palmas, los propios jugadores y también desde megafonía, pedían que no se invadiera el terreno de juego, se reanuda el partido. El ritmo de juego ya estaba roto y los jugadores amarillos nerviosos y descolocados. Los cordobeses consiguen marcar el empate. Con ese resultado, el Córdoba se convertía en equipo de Primera en detrimento de la UD Las Palmas.
A partir de aquí, la vergüenza: el árbitro corriendo escoltado; el Córdoba encerrado en los vestuarios; invasión del campo por parte de aficionados que roban el agua de los banquillos de los jugadores; peleas entre aficionados del mismo equipo con sillas volando desde la grada al campo…
¿Quién es el responsable? La Ley del Deporte señala como máximo responsable en materia de seguridad a quien organiza del evento de todo lo que pase en el recinto deportivo, es decir, a la Unión Deportiva Las Palmas. El Club ha admitido ser responsable de lo ocurrido, aunque también indica que ha cumplido con lo aprobado por la Junta de Seguridad, consensuada y aprobada por el jefe de coordinación de seguridad de la Policía Nacional.
¿Cuál es el resultado de tanto despropósito? Una imagen pésima de los canarios; una Unión Deportiva Las Palmas en Segunda División un año más, con la pérdida de beneficios económicos que conlleva si comparamos lo que se gana en derechos de televisión estando en Primera; un Estadio de Gran Canaria posiblemente clausurado durante no se sabe aún el tiempo y parte de la afición de la isla (la que se quedó en las gradas) persiguiendo a otra parte (la que saltó al terreno de juego). Y es que desde entonces los comentarios en las redes sociales donde se identifica, insulta y amenaza a estas personas son constantes, llegándose a publicar los nombres, direcciones y números de teléfono de los invasores que obligaron a parar el partido. Este intento de tomarse la justicia por su mano ha hecho que algunos de estos individuos no se atrevan a salir de casa tras recibir amenazas.

La falta de civismo es cada vez más patente en nuestra sociedad. Las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad y el respeto hacia el trabajo del otro brillan por su ausencia. Y habrá quien diga que les está bien empleado por vender el pescado antes de pescarlo; por festejar un triunfo sin terminar el partido. Lo cierto es que es un gran golpe para la afición, del que seguro la UD Las Palmas se podrá recuperar. De peores se han levantado, pero de los errores hay que aprender… Porque no es la primera vez que se produce una invasión de campo en Gran Canaria (2006) y aquella debió ser la última, porque de haber sido así quizá hoy estaríamos hablando de un equipo en Primera División.

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