domingo, 31 de agosto de 2014

Efectos del pánico

El periódico El Mundo publica hoy un nuevo sondeo electoral en el que se vuelve a mostrar el auge de la formación Podemos. Según sus estimaciones, el partido de Pablo Iglesias obtendría un 21,2 % de los votos quedando a escasa distancia del PSOE (22,3%).

Se da la circunstancia de que el electorado apuesta por Podemos sin tener aún candidato a la presidencia del país, lo que demuestra que el partido de los círculos ha conseguido conectar con la gente gracias a sus propuestas, más allá del líder político que dé la cara por ellos. Podemos se postula como el verdadero partido de izquierdas, comiéndole mucho terreno al PSOE y tragándose a Izquierda Unida, partido que no tendrá más remedio que presentarse en coalición con los primeros si quiere salvarse de una auténtica debacle.  En caso de producirse esta unión, cabria esperar, si se cumplen los pronósticos, que se conviertan en la segunda fuerza política del país.

Por su parte, UPyD frena en seco su ascenso, quedando con un 5,6% de votos. Cabe la posibilidad de que esta formación se presente en coalición con Ciudadanos, lo que mejoraría considerablemente sus resultados globales, entrando en todos los parlamentos autonómicos (actualmente solo tiene presencia en 3 de los 17 existentes). Sin embargo, su líder, Rosa Díez, parece no dispuesta a dar su brazo a torcer, prefiriendo que ambas candidaturas sean independientes.  No obstante, este tema será debatido a primeros de septiembre.


Partido
%
Variación elecciones  generales 2011
PP
30,1
-14,5
PSOE
22,3
-6,5
Podemos
21,2
+21,2
UPyD
5,6
+0,9
IU
4,1
-2,8
ERC
3,3
+2,2
CiU
3
-1,2
PNV
1
-0,3
Amaiur
1
-0,4
Otros
8,4
+1,4

Con la sana intención de respetar el resultado de las urnas (en apariencia) y con la maléfica intención de no perder cuotas de poder (en realidad), el Partido Popular ha abierto nuevamente su mágica chistera para regalarnos un nuevo proyecto de ley. En esta ocasión, se trata de una reforma de la ley electoral por la que los Ayuntamientos serán gobernados por el partido más votado, de tal forma que los pactos postelectorales entre otras formaciones políticas no serían posibles. En dicha reforma electoral no se modificarán los porcentajes para lograr representantes, ni se harán listas abiertas, ni se implantarán las segundas vueltas electorales, ni tampoco la posibilidad de revocatorias del mandato (procedimiento por el que el pueblo a través del voto podría decidir si un político es removido de su cargo antes de terminar el periodo para el que fue elegido, ya sea por no cumplir con su programa electoral, por corrupción, por dedicarse a no hacer nada, etc.).

Actualmente el 90% de las ciudades con más de 100.000 habitantes son gobernadas por el partido que más votos obtuvo en las pasadas elecciones. De igual modo, el 80% de los municipios están en manos de mayorías absolutas. Por tanto, esta reforma de la ley electoral a medida del PP no parece que sea la que demanda la ciudadanía, sino más bien la que necesitan ellos para no perder bastiones populares como son el Ayuntamiento de Madrid o el de Valencia, que si los sondeos se cumplen, perderían en favor de un pacto entre los partidos de izquierda, hoy en la oposición. Ya lo dice la Unión Europea: las reglas del juego deben establecerse mucho antes de que empiece el proceso electoral, pero el Gobierno sólo está pensando en una nueva ley a su medida, aprobada sin consenso, de forma unilateral (al estilo Berlusconi).


Lo peor de todo es que dicha reforma traería consigo efectos no deseados por el propio Gobierno: reforzar el poder de Bildu en los Ayuntamientos del País Vasco y Navarra y de ERC en Cataluña. ¿Será capaz el PP de taparse la nariz con tal de seguir en la poltrona?


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