miércoles, 24 de diciembre de 2014

Nochebuena y tradición

Recuerdo a mi ya fallecida abuela contarme cómo cuando era ella una niña, la gente se reunía para celebrar la Nochebuena en la iglesia. Me contaba que cuando recuperaron esta tradición, hace ya mas de 80 años, que se dice pronto, y gracias al trabajo del párroco de entonces, se avisaron de casa en casa para reunir gente y preparar los ensayos, las ropas, la música y los versos que iba a decir cada uno de los participantes. Ella salió de ángel durante varios años y aún de mayor a veces nos cantaba alguna estrofa. Desde entonces, cada Nochebuena a las 00:00 se celebra esta representación en la parroquia de San Andrés, en la isla de La Palma. 

Se trata de un Belén viviente de unos 45 minutos de duración (depende del número de participantes que actúe cada año), cuya función, unos tramos cantada y otros hablada en verso, consta de dos partes. La primera consiste en el aviso de los ángeles a los pastores para que acudan a Belén a ver al niño y la segunda se resume en que éstos acuden al llamado con sus ofrendas. 

Por ese Belén, por esas tablas, delante del desgastado telón de fondo que aún se utiliza a pesar del  paso del tiempo, han pasado abuelos, padres, hijos, nietos y bisnietos. Sin embargo, mantener tradiciones no es tarea sencilla cuando aparecen caciques que hacen y deshacen a su antojo, tomando el mando y decidiendo sin que nadie les haya elegido para ello y cuya única legitimidad es considerarse imprescindibles. Como antaño, hay que tener apellido para poder hacer determinadas cosas y si no, te quedas fuera. No es de extrañar por tanto la desilusión y el desencanto de los que no tienen voz ni voto, que han ido optando poco a poco por abandonar o en algunos casos, irse a otro lugar donde sí han sido bien acogidos. El cinismo es tal, que a éstos algunos les llaman traidores. 

Quizá algún día alguien se dé cuenta de que la unión hace la fuerza y la división destruye, y que para mantener una tradición, en los tiempos que corren, donde los pueblos cada vez tienen menos habitantes y a su vez existen otras alternativas para un día como hoy, se hace imprescindible tener en cuenta a todo el mundo, tender puentes, atraer, allanar caminos y dar voz a todos y cada uno de los que se interesan por aportar su granito de arena en un evento como es la Nochebuena de San Andrés. De lo contrario, mas pronto que tarde, todo quedará en el recuerdo de los que en algún momento de su vida cantaron una estrofa o dijeron su verso sobre esas tablas que año tras año han ido dando forma a esta Nochebuena. Una verdadera lástima. 


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