sábado, 5 de diciembre de 2015

Rajoy juega al escondite

Mariano Rajoy, el elegido por el dedo divino de Aznar para dirigir al Partido Popular; el presidente del Gobierno elegido a la tercera tentativa; el que previsiblemente va a llevar al PP a su peor resultado en 25 años tras una sola legislatura de aplastante mayoría absoluta; el que pacta preguntas con medios afines para llevar las respuestas preparadas desde casa en algunas ruedas de prensa (que ni se molesta en disimular que las lee); el único presidente que ha sido capaz de dar una rueda de prensa a través de un televisor con un vídeo grabado previamente (no sea que a algún periodista le dé por hacer alguna pregunta)… 

Pues resulta que ni siquiera en campaña electoral tiene tiempo para ir a los debates que se han organizado o intentado organizar. Al primero de ellos, puesto en marcha por EL PAIS, no acudió. Al segundo, que se celebrará el día 7 en Antena 3 y La Sexta, envía a su mano derecha: Soraya Sáenz de Santamaría. Obviamente él tiene cosas más importantes que hacer, como acudir a un programa deportivo de la COPE para comentar partidos de fútbol, o al programa de Bertín Osborne en Televisión Española (la que pagamos todos), para que le veamos jugando al futbolín o preguntándose si es más o menos simpático que Pedro Sánchez. Y mientras, un 40% del electorado de este país no tiene decidido aún a quien votar el 20 de diciembre. 

Parece que el señor Rajoy se siente más cómodo hablando de cosas superfluas. Prefiere esconderse, quedarse en las trincheras mientras dure la batalla, esperando a que pase el temporal. Confía que el voto rural (sobrerrepresentado gracias al sistema electoral vigente) y el de la tercera edad le aúpen a una triste victoria que le permita seguir (des)gobernando España cuatro años más. 

Cuando un presidente, o cualquier otro político o trabajador, se siente orgulloso del trabajo que ha hecho, no huye. Al revés, presume de ello y va donde sea a exponer sus logros y su trabajo. Rajoy se esconde porque sabe que ha hecho muchas cosas mal; porque no quiere que le pregunten por la corrupción que carcome su partido, ni por la ley mordaza, la subida de impuestos, los recortes o el abaratamiento del despido. Y mucho menos quiere pasar por otro ridículo como el que protagonizó en Onda Cero al tener que preguntarle él al periodista si los catalanes mantendrían la nacionalidad española o no, en caso de declararse Cataluña independiente. No da la cara, y no lo hace porque no cree en su partido, en su proyecto ni en sí mismo. 

Mariano se aferra a la vieja política, al bipartidismo, al voto útil, menospreciando a los partidos emergentes, que mucho tendrán que decir a partir del 20D. ¿Darán su apoyo a Rajoy para que sea presidente por cuatro años más? Dios no lo quiera. 



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