domingo, 14 de mayo de 2017

Portugal, 12 points

Noche del sábado 13 de mayo de 2017. La 1 de Televisión Española emite la 62ª entrega del Festival de la Canción de Eurovisión, concurso musical en el que cada año participan los países miembros de la Unión Europea de Radiodifusión. Se emite desde 1956, siendo el programa más antiguo que se transmite a todo el mundo y el evento musical más visto (se estima que lo ven entre 100 y 600 millones de personas cada año a lo largo y ancho de nuestro planeta). 

Hacía semanas que todas las previsiones daban por ganadora a la canción de Italia. La canción de Francesco Gabbani era la gran favorita: ya era un éxito antes de celebrarse el festival, venía de ganar el Festival de San Remo, era número 1 en su país y había superado los cien millones de reproducciones en Youtube. Todas las casas de apuestas le daban el triunfo.

Pero de repente, se produce algo inesperado: la canción de Portugal se convierte en favorita casi de la noche a la mañana. Un país que nunca había ganado en Eurovisión, a pesar de haberse presentado 49 veces, siendo su mejor posición un sexto lugar en 1996. Un país sin más vecino que España, cuando para ganar el festival se supone que es imposible hacerlo si no tienes países limítrofes que te regalen votos. Un país que el año pasado ni siquiera se había presentado, y que en los años anteriores se había quedado en semifinales. Un país que envía una canción en portugués y no en inglés. Un país que no hace apenas promoción de su canción por los eventos europeos previos al festival, ya que su intérprete padece de problemas de salud y no puede acudir a ellos. De hecho, se perdió incluso los primeros ensayos del festival, siendo sustituido por su hermana (compositora del tema). Un país cuya puesta en escena carece de bailarines, coreografía, coros, caras bonitas, escotes, músculos ni fuegos artificiales.

¿Cómo se convierte una apuesta así en favorita? ¿Cómo puede ser posible llegar a los primeros puestos de la tabla con una propuesta tan alejada de lo que se espera ver en Eurovisión?


El triunfo de Portugal, con 758 puntos, pone de manifiesto que no se necesitan favores de países vecinos para gustar en Europa, que se puede transmitir cantando en tu propio idioma, que los fuegos artificiales pueden no aportar, sino estorbar; que queda mucho buen gusto en nuestro continente y que los 3 minutos que dura cada canción se pueden hacer cortos cuando la música te llega hasta el alma. Lo que ocurrió anoche fue una cachetada a la moda, a los intereses comerciales, a España, a Televisión Española y a la globalización cultural. Lo que se vio anoche en Eurovisión fue humildad, generosidad, sentimiento, sencillez, armonía, música... En definitiva: magia.


1 comentario:

Alex Cataño dijo...

Estoy completamente de acuerdo, Portugal como país y Portugal como canción me llego al alma, ahí es cuando la sencillez prima sobre lo estrafalario, cuando la belleza prima sobre lo exagerado y ahí es cuando llegas a pensar que Eurovision como evento todavía tiene futuro, cuando puedes creer que Europa todavía tiene futuro.

UN ABRAZO...